Recién salida de clase de Jorge Salgado sobre la gestión de color escribo este práctico post sobre los perfiles de color. Doy por entendido qué son los espacios de color, y sino es así consultar esta otra entrada.
Hay perfiles de entrada (cámara, monitor, escáner…) y perfiles de salida (impresión).
¿Cómo hacer un perfil de color de cámara?:
Necesitamos una carta de creación de perfiles, una carta de colores, las hay de varios tamaños y varios precios (cuantos más colores más exacto será el perfil). Se debe fotografiar esta carta, con una luz completamente homogénea y con una exposición adecuada (ni subexpuesta ni sobrexpuesta) y luego con un programa informático, el Profile Maker, por ejemplo, metemos la fotografía de la carta informándole qué tipo de carta de color hemos usado. El programa hace una comparación de los colores de la carta real y de los que nos han salido en la fotografía, de esta manera podemos ver en qué colores falla más nuestra cámara. Estos datos se guardan como perfil y luego al hacer otra fotografía le podemos aplicar este perfil y ya tenemos los colores completamente ajustados. He de remarcar que cuando hagamos la fotografía a la carta de color debemos tener en cuenta qué temperatura de color estamos usando, cual es la que hay en el ambiente, el ISO que utilizamos… en cuanto cambiemos cualquiera de estos ajustes, el perfil de antes no nos servirá. Por lo que sólo tiene sentido realizar el perfil de cámara cuando vayamos a hacer una serie en un mismo lugar y con las mismas condiciones, porque de no ser así, tendríamos que estar haciendo el perfil por cada foto. Además de que sólo tendrá sentido para determinados trabajos fotográficos que hagamos, donde el color sea muy importante y necesitemos que sea el que es.
Cierto es que los fabricantes de las cámaras facilitan ya estos perfiles por cada modelo que sacan, es tan fácil como descargarlo y luego aplicarlo a las fotografías. (Ya que ellos saben que tal modelo en los rojos tira más hacia el magenta… por ejemplo) Como es lógico no es tan exacto como haciéndolo con la carta de color, pero es mejor que nada.
Sin embargo para hacer un perfil de escáner con hacerlo una única vez sería suficiente, porque el escáner siempre utiliza la misma luz.
Los perfiles de salida, la impresión, dependen de muchas variables, del papel en el que vayamos a imprimir, de la calidad de los cartuchos de tinta… Es muy importante hacerlo ya que sino no vamos a conseguir que los colores nos salgan como son realmente en la foto. Para realizar el perfil de color para la impresora debemos imprimir una carta de color, dejamos que se seque bien la tinta (entre 15min y 20min), abrimos el programa que vayamos a utilizar para hacer el perfil (el Profile Maker por ej), le indicamos qué papel hemos utilizado y qué carta hemos impreso y con un espectrofotómetro (mide la reflexión de luz, la longitud de onda) vamos pasándolo por cada cuadrado de color de la hoja que hemos impreso. De esta manera se nos crea un perfil de color en el que se muestra la comparativa de lo real y de lo que ha impreso la impresora. Para la siguiente imagen que vayamos a imprirmir, le cargamos este perfil de color en Photoshop y así mueve las variantes de color para que la copia impresa salga bien. :D
Este es un proceso que realizan (o deberían realizar) las imprentas casi semanalmente, por lo que no deberíamos tener que interactuar en ello, pero es útil por si imprimimos en casa. Eso sí, la gracia del espectrofotómetro no es barata precisamente.
Deberíamos saber diferenciar entre asignar y convertir para no equivocarnos en el Photoshop y no fastidiarla.
Asignar: cambia la apariencia de los colores. Lo hacemos cuando la imagen no lleva un espacio de color predeterminado o también cuando cambiamos de un espacio a otro.
Convertir: no cambia los colores, sólo cambia los valores para que en la impresión haga las variaciones que tenga que hacer para dar el color correcto.
“Se asigna de entrada y se convierte de salida”.
Learn MoreDe nuevo he tenido una clase magistral con Jesús Micó. Esta vez sobre el cuerpo en la fotografía. Comenzó proyectándonos una selección de fotos que habían sido galardonadas en los años 90, y luego pidió que de uno en uno fuésemos valorando cuales eran las que más nos gustaban y las que menos. Bien. Se acaba la ronda en la que todo el mundo ha dicho lo que piensa y nos dice que a él no le gusta ninguna y que esto es exactamente lo que no debemos fotografiar nunca. Lo cual nos descoloca a todos un poco.
A partir de ahí desarrolló su personal visión del cuerpo en la fotografía, criticando cómo se ha tratado y se sigue tratando el desnudo… de una manera sexista, machista, conservadora y excluyente. Excluyente porque los modelos han de tener una serie de medidas que estén dentro del canon actual de lo bello. En esas fotos no hay mujeres gordas, feas, viejas, discapacitados y a penas hay hombres. ¿Cuándo vamos a parar de vender sexo a la sociedad? ¿Cuándo vamos a parar de transmitir con nuestras fotos que esas modelos son modelos a seguir?
Después de esta dura crítica y muy cierta a la vez… nos expone su trabajo de Natura Hominis Taxonomías. Que se trata de una serie de fotos en las que retrata a gente desnuda como si se tratase de una foto de DNI o carcelaria. Coge a gente de su alrededor, sin importarle “la belleza” del cuerpo y los retrata uno a uno componiendo así un mosaico. De esta manera trata el desnudo como algo abstracto, individual, igualitario e inclusista. Son fotos que cuando las vi por primera vez en su web no me dijieron nada, pero acompañado con esta reflexión hace que te llegue.
Al rato nos proyectó la segunda parte de su trabajo Natura Hominis Escenarios. Donde hace público lo privado. Son fotos de ámbito completamente privado, de sus padres, de sus amantes, de sus amigos… nos hace espectadores de su vida. Y con estas fotos ocurre lo mismo que con las anteriores, si las ves en su web no te llegan y las pasas rápido, pero si lees el texto que escribe para cada una de ellas y vas oyendo la música que él ha pensado para esas fotos… te atrapa.
Espero que en sus siguientes exposiciones se anime a hacer lectura de sus maravillosos textos.
Conclusión: nos invita a que nuestras fotos sean una puerta de entrada al alma del fotógrafo, un punto de partida. La fotografía debe hablar más del fotógrafo y no tanto del objeto fotografiado.
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